Constitucionalmente la libertad plena es imposible. Entonces,
la libertad restringida es legalmente necesaria. Sin embargo, aquella libertad,
no puede ser libertad, entendida en su sentido más amplio.
El análisis de la libertad desde el punto de vista jurídico
limita la libertad que se pretende estudiar, entonces, reitero, ya no puede ser
libertad (plenamente) sino más bien derechos que brindas ciertas libertades,
empero que no es libertad en su sentido más lato.
Esto nos conduce a analizar el asunto de la libertad por
otra vía, pues el asunto jurídico poco aporta a este tema, pues si mi libertad termina cuando empieza la del otro, ya no es libertad.
Hay personas que sostienen que son libres para realizar lo
que desean, que como seres libres o liberados de tabúes, deben realizar y
probar con todo tipo de experiencias, pues la vida es una sola y habrá que
vivirla plenamente en libertad.
Si la libertad fuera un asunto de realizar lo que deseamos, de seguro que desearíamos mal,
mas sin embargo, nuestros deseos mayormente no sobre pasan los limites
puramente “animales”, nuestros deseos de procreación, alimentación y experimentación,
¿acaso se distinguen de lo “animal”? En ninguna manera.
Ahora, quien desee conocer el asunto de la libertad por la vía
del desenfreno, no es libre, sino esclavo de sus bajas pasiones y de sus
vaivenes de deseos.
Para Hegel, la libertad pasa por el conocimiento de la
necesidad. Para el marxismo, la libertad solo puede ser experimentada en
colectividad. La filosofía de Nietzsche nos ilustra que la libertad es el
ejercicio de la voluntad de poder.
No se entienda que la voluntad de poder es “hacer lo que
quiera”, sino en vivir sin atavíos “moralizantes” que castran nuestra existencia.
Si deseo ser libre y hacer lo que dicta mis deseos, entonces
no soy libre, sino esclavo de mis deseos. Y nuestros deseos van a tener un aliento
de fuga de los patrones moralizantes de la sociedad, dirigiéndonos a lugares
donde “somos libres” se vuelve “ponte tu grillete”.
Entonces la libertad se ejerce más allá del bien y del mal;
en el control de nuestros deseos “tchandalas” y en el ejercicio de nuestra
voluntad de poderío, y esto no individualmente, sino como clase.
Charliejohn
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